En las fincas entramos pero…..¿cómo salimos después?

mar 9, 2011 por     No hay Comentarios    Publicado en: Crónicas
En este mundo en el que nos movemos de la montería hay algo que no todo el mundo se imagina y es que el lugar de la suelta puede convertirse en toda una odisea a la hora de salir después. La lluvia se convierte en nuestro peor aliado y nos dificulta la tarea.

Llegó el puente de la Inmaculada. Un puente que siempre me ha gustado porque eso significa muchos días seguidos de campo. La temporada 2010-2011 ha sido algo lluviosa y ese puente no iba a ser menos. Veníamos de montear en la Sierra de Azuaga y llegábamos a Huerto Cepas con toda la ilusión puesta en una finca que nunca había monteado. No la conocía pero había oído hablar de ella muchas veces. Esta vez no se monteaba el cercado sino la parte abierta que daba cara a la térmica de Puente Nuevo. Las rehalas estabamos citadas a desayunar en un restaurante cercano a la mancha. Llovía y no paraba. Como para todos sabía que nos ibamos a mojar bastante pero eso es algo que nunca me ha preocupado porque una vez mojado te haces a la idea y punto. Ya habrá tiempo luego de cambiarnos de ropa. Ya en la junta hacíamos planes para la Navidad que pronto llegaría e incluso comprabamos lotería con toda la ilusión. Nadíe preveía lo que estaba por llegar.

Nuestras furgonetas en la mañana.

10 rehalas estabamos destinadas aquel día: Jesús Bernier, Rafael Borland, Ricardo Torres, Juan de Dios Pliego, Vicente Merino, Jose Mº Sanz, Juan Fernandez de Mesa, Parladé, Antonio Angel Marín y la que yo dirijo de Joaquín Vadillo. Llegó la hora y por la emisora nos indicaba Juan de Dios que nos aproximaramos a la finca. Al llegar, los podenqueros por experiencia en años anteriores comentaron el tema de soltar en otra parte puesto que conocían los caminos y como podían estar debido al agua. Se nos indicaba que no había problema alguno y que todo estaba bien. Q accederíamos sin problema. Yo al no conocer esta mancha entré sin miedo y parecía que era cierto y que no existía ningún inconveniente. Mucha era el agua que caía y los caminos apenas se veían. Todo se ponía cada vez peor e incluso ya en la suelta alguna furgoneta tenía sus dificultades como la de Vicente Merino que apunto estuvo de volcar. Soltó sus perros y con el todoterreno de la finca pudieron desatascarla. La cosa se había puesto un poco negra para Juan Francisco.
Resolvimos aquel inconveniente y una rehala tras otra comenzó a soltar. No podíamos esperar a que dejara puesto que todo estaba negro. Poco a poco nos fuimos poniendo a la mano y empezamos a montear. Por la emisora nos comunicabamos y todos estabamos pasando un mal día. Cada vez llovía con mas fuerza y cuando dejaba era por breves momentos. Como pudimos echamos la jornada y volvimos a nuestras furgonetas. Tiros pegaron y cuantos habian matado no lo sabía. Solo quería llegar, recoger y ponerme ropa seca.
Faltaban algunos perros pero nadie se preocupaba de como estarían esos caminos a esa hora. Juan Francisco, perrero de Vicente Merino fué el primero en salir y por la emisora nos enterábamos de que necesitaba ayuda y con un cable lo sacaron. Al oir aquello comentamos de sacar los vehículos a la carretera cuanto antes y luego volver por los perros perdidos con algún todoterreno. Así hicimos…….pero en la primera de cambio, nos dimos cuenta de que la lluvia se había llevado todo lo que encontraba a su paso e incluso parecía que nos moviamos en arenas movedizas. Con el todoterreno de la finca no había nada que hacer. Necesitabamos otra cosa como era el tractor.

Perreros hundidos!!!!!!!!!!!!!

Juan Francisco ya había salido de la finca. El turno le tocaba a la rehala de Ricardo Torres. El tractor tiraba y veíamos que arrastraba todo lo que llevaba a su paso. Nos empezabamos a preocupar. No iba a ser nada fácil salir de allí. Al cabo de unos minutos el podenquero de Ricardo Torres, nos comunicaba por la emisora: ¡¡¡ De aquí no sale nadie !!!!. Entre truenos y relámpagos, aquellas palabras provocó un silencio en todos nosotros y nos mirabamos los unos a los otros. Nadie decía nada pero había que salir de allí como fuera. El siguiente en salir fue Perico, podenquero de Antonio Angel Marín.  Linga enganchada y que sea lo que Dios quiera.

Tractor tirando de la furgoneta de Antonio Angel Marín.

Mala cara se le ponía al amigo Perico y no era para menos. Por la emisora oíamos que estaba llegando a la carretera y eso nos alegraba a todos. Un compañero más había salido. Quién nos iba a decir toda la que se estaba formando pero consiguió salir. Detras de él seguía el todoterreno de Jose Mª Sanz dirigido por nuestro compañero “Dite”. Le costó lo suyo peró salió sin necesidad de engancharse. Poco a poco se hacía la noche y el tractor se quedaba sin gas-oil. Esperamos que trajeran pero la noche ya estaba allí. Era mi turno y si os digo la verdad estaba bastante asustado. Sabía que mis compañeros lo habían pasado francamente mal y los caminos cada vez estaban peor. Allí hablabamos de quedarnos e intentar salir al día siguiente de alguna forma o con maquinaria adecuada de Joaquín Borland. Irnos al cortijo y pasar la noche era la opción. No me gustaba la idea puesto que no quería dejar mis perros solos toda la noche sin saber de ellos. Se que atados no habría ningún problema y francamente era la mejor opción. Pero entre que quedarnos y no quedarnos apareció ese tractor. Intentamos probar y enganchamos el cable. Me fumé un último cigarro y deseé por todos los medios que no pasara nada. Por un instante ante mí, el camino se desplomó quedando una enorme piedra a mi paso. El tractor tiró despacio pero algo pasó en aquel obstáculo y es que reventé la rueda delantera izquierda.  La furgoneta no giraba y todo quedaba a merced del conductor del tractor.  No podíamos parar a cambiar aquella rueda. En la primera curva a punto estuvimos de volcar. Al no girar no podía desplazarme y el tractor me empujaba al barranco. Pusimos aquel cable más corto y le dije a Rafa perrero de Juan de Dios Pliego que se subiera a la furgoneta. Estabamos más cerca de volcar que de salir. Poquito a poco salimos de esa trampa pero aún nos quedaban dos largos kilómetros llenos de trampas. Arrastrando la furgoneta salimos a la carretera y os puedo asegurar que besé el asfalto. Allí nos esperaban amigos y compañeros. En cuanto los ví les mostré mi alegría de salir de allí pero que el rato que había pasado no se lo deseo a nadie en la vida. Miraba la furgoneta y veía el destrozo causado: rueda reventada, paragolpes arrancado y todo sonaba mal. Lo peor es que aún quedaban cuatro rehalas detrás de mí: La de Rafael Borland. Fernandez de Mesa, Juan de Dios Pliego y Parladé. Al ver como estaba todo y el trabajo que me costó salir, optaron por quedarse en la finca e intentarlo al día siguiente con maquinaria especializada. Por mi parte, como pude cambié aquella rueda reventada y puse rumbo hacía la perrera. El camino fué una odisea. La furgoneta se calentaba del barro que llevaba y un aspa del ventilador se había roto. Llegamos y soltamos los perros. Mi fiel compañero y yo nos miramos y sonreímos: Otra historia para contar!!!!!!!! Los otros compañeros pasaron noche en el cortijo de la finca y consiguieron salir por otra parte a medio día del día siguiente.

Compañeros haciendo noche en el cortijo de la finca.

Gracias a Dios, hoy día nos reímos de aquel día, pero sabemos que fué muy duro. No lo olvidaremos pero también sabemos que son cosas que ocurren en este mundo de las rehalas. En estos momentos os puedo garantizar que todos somos auténticos compañeros. Nos preocupamos los unos de los otros. Eso hace que nuestra amistad sea grande día tras día y debe ser así. Cuando alguno tiene un problema, el resto estamos para ayudarlo y viceversa. Es maravilloso tener amigos así y cuanto más tiempo paso con ellos, más disfruto.

Con todo esto, os quiero comunicar que son grandes los momentos que pasamos los podenqueros en el campo pero que existen también los malos que nunca los mencionamos pero recordamos. Los buenos momentos nos hacen olvidar esos malos pero ese compañerismo entre nosotros es lo que nos hace volver otra vez. Pase lo que pase nunca estamos solos.

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